viernes, 10 de marzo de 2017

Experiencias Gastronómicas recientes, 2a parte... La Torre Virreyes, mi abuela veracruzana y la Muestra de Vinos de España

En los últimos meses del año pasado, escribí sobre una serie de presentaciones de vinos emblemáticos de Europa que se llevaron a cabo en la Ciudad de México, y anoté, que de la única que no valía la pena comentar, era la del vino español, porque su apuesta al vino barato y de mala calidad, se repetía con una constancia notable. 
Y aunque recuerdo el énfasis que mis padres y maestros ponían en eso de la constancia, -visto este proceder como una de las virtudes fundamentales para alcanzar aquello que con afán se busca-, en el caso de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España y del Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX), ha carecido, ya no digamos de virtud, sino de la más elemental imaginación y sentido de oportunidad en los negocios... y es que, -repito- han presentado una y otra vez, los mismos vinos, "simplones, desabridos..." -diría mi abuela veracruzana- que tanto daña la fama del buen vino español... y que cada ocasión que los probaba, me traían de inmediato a la mente, la imagen de aquella escena de la película mexicana Por la libre, en donde al inicio de una comida en el jardín de la casa del abuelo, -por cierto español (me refiero al personaje)- al dar el primer sorbo al vino que alguien había llevado, pregunta con la voz alta y la indignación a flor de piel: "¿Quién trajo esta porquería..?" 
Así que al recibir la invitación para asistir al XI Muestra de los Vinos de España, la deseché, pero unos días más tarde, mandaron el recordatorio, que leyendo por curiosidad, me hizo caer en la cuenta que su muestra de vino se llevaría a cabo en la Torre Virreyes, situada en una zona que recuerdo con dilección, porque ahí transcurrió mi niñez y adolescencia... y entonces, de pronto mi interés despertó.
La referencia más próxima a la Torre Virreyes que recordaba, fue la controversia que causó tan sólo la tentativa de su construcción, y que se remonta a varios años atrás...  a un mediodía cuando asistí a comer invitado por Jane y Raymundo Fernández a su restaurante Churchill´s, para obsequiarles un ejemplar de mi libro La Excelencia Restaurantera de la Ciudad de México, obra que desde luego, incluye su comedor.
En aquella ocasión -por lo menos una década ha...- Raymundo me puso al tanto de las acciones que estaba llevando a cabo junto con un grupo de vecinos, para evitar que destruyeran la edificación icónica de esa esquina de la calle Pedregal en Lomas Virreyes, que incluía una gasolinera, un distribuidor de autos nuevos, y en el piso superior, -pocos saben esto- unos elegantes salones que originalmente habían sido un Centro Nocturno de polendas.
Punto de reunión, -allá por la época alemanista, (fines de los cuarentas y principio de los  cincuentas del siglo ido)- de la "alta sociedad mexicana", -que debo aclarar estimado lector, entonces sí existía, -había más de un puñado de familias extraordinariamente adineradas e igualmente cultasy a la sazón, convertido en un gimnasio para señoras, -ya sabe, para estas nuevas ricas que con el tiempo se fueron instalando en Las Lomas, como hasta el día de hoy sucede; para muestra... a partir de este sexenio, muchos políticos, como estos que no se sabe a ciencia cierta sin son chinos o de Hidalgo, ya son parte de... en otras palabras, ya se instaló ahí, "el peladaje...", diría mi abuela veracruzana...


El propósito de aquel grupo de vecinos, -como ya lo apunté- era el de resguardar la construcción original, que corría el riesgo de ser derruida, para en su lugar, edificar un adefecio más, que dominara el paisaje otrora plácido y elegante de Las Lomas de Chapultepec, justo a un costado de la Fuente de Petróleos... 


...y borrara del mismo, una de las construcciones envueltas en la historia de la zona, y que para los que nacimos y crecimos a un par de cuadras, resultaba habitual, como un elemento indispensable de ése, "...fraccionamiento que hicieran en el lomerío de la Hacienda San Juan de Dios de los Morales, llamado originalmente, "The Chapultepec Heigths", su desarrollador -Albert Blair- era norteamericano y esposo de la célebre Antonieta Rivas Mercado, de ahí la razón para el nombre en la lengua del que algunos dicen que ni siquiera existió, William Shakespeare.

Así que nuevamente movido por la curiosidad, decidí asistir a la muestra de vino, como pretexto para ver la zona, y de una vez por todas, enterarme finalmente de que había pasado con...

Hoy lo celebro, porque me llevé gratas sorpresas. 
La primera, que los constructores de La Torre respetaron la sección emblemática de la edificación original... la esquina ahí sigue, engalanando el entorno y dándole su espacio a la tradición... 
...y aunque la zona se saturó de una manera brutal, -al igual que Polanco- que está plagada de oficinistas, paseadores de perros, cocineros españoles y franceses de dudosa destreza, -que no sólo ahí trabajan, sino que ¡también viven! "...vaya usted a saber cómo vivían allá de donde vienen, cuándo habríase visto tal desdoro..." -diría mi abuela veracruzana-, en fin, de gente que en otras circunstancias, no tendría absolutamente nada que hacer en esos parques y camellones, pero que ahí andan, igual que en la zona que nos ocupa, por lo que ante el infortunio que trae tal realidad, habrá que conformarse con que los constructores y las autoridades, hayan prestado oído a las exigencias de los vecinos de siempre, que para su desgracia, todavía viven ahí... ¡mis condolencias a todos ellos..!
Otra sorpresa agradable de esa tarde, fue que me encontré con una amiga y ex colaboradora de mi revista MESA y VINO! la revista más distinguida de México, la querida Paula, que hacía cuando menos una década que no veía, y que ahora, está inmersa en el aprendizaje, el gusto, pero sobre todo, en el disfrute del vino... que es, ¡para lo que es..!
Espero que aquel tiempo que estuvo cerca, haya sido el responsable de inocularle la simiente de esta maravillosa aventura que nos obsequia el fruto de la vid, que invita a los sentidos a abrirse con consciencia, y al gusto, a rendirse ante la exquisitez que prodiga...- y con quien, al abrigo de una copa de buen vino, -digamos que fue más de una- dimos cuenta con alegría y sorpresa, de los años de nuestras vidas sin vernos.

Y finalmente, que por primera vez en años, en la exposición hispana, ahora sí encontré un par de vinos de calidad, lo demás, de $200.00 que hasta hace un par de meses, eran de $120.00... lo que me remite de nuevo, a la referencia del principio, de la película Por la Libre...
...y como mi amiga Cristina -otra que vive todavía en Las Lomas- siempre está en busca de un nuevo pasatiempo para su espléndida vida mecida de placeres, o lo que es lo mismo un hobbie, -dirían los faltos de identidad- últimamente ha estado importando vinos de linaje, y entonces, le recomendé una de las etiquetas que me gustó, que además no contaba con importador, y podrá usted creer, estimado leyente, que a pesar de haber enviado varios mensajes para ponerse en contacto, no hubo respuesta de los bodegueros hispanos en cuestión; absurdo, ¿no le parece? se supone que a eso vienen, pero...

Por lo que, de repente una duda me asaltó el pensamiento; ¿de dónde les vendrá a los millones de compatriotas esta actitud de indolencia, de abulia, de dejar para mañana lo que se puede hacer hoy, que tanto les caracteriza?

Estimado lector, me voy a tomar la libertad de no responder a eso y mucho menos, replicar aquí, lo que mi abuela veracruzana, -imagínese, era oriunda de la cuenca del Papaloapan, a un ladito de Alvarado- ¡habría dicho al respecto..!

Como siempre, les deseo buen provecho, y mucha ¡salud!

Gabriel Mora y Romero
Director General y Editorial

No hay comentarios:

Publicar un comentario