lunes, 15 de mayo de 2017

Maridando... un rosado... "Las Cuatro"

El maridaje entre vino y platillos, es algo en lo que se pone poca atención. La mayoría de las personas que hoy en día han comenzado a acompañar con vino sus alimentos, no ponen más interés que en el gusto mismo, el inmediato... actitud que suena lógica y obedece al sentido común, pero desgraciadamente deja por un lado la atención a las bondades de la armonía que puede existir entre estos dos "elementos" a la hora de comer...


 En términos básicos, el maridaje se reduce a dos tipos: el de contraste y el de asociación... aunque, -aclaro- dentro de estas dos opciones, hay un sinfín de aspectos a considerar cuando se tienen, desde luego el interés, los conocimientos, y la sensibilidad para adentrarse en aspectos más sutiles y puntuales.

Confieso no haber sido un seguidor de los rosados, debido a que la oferta de éstos por años en México era escasa, de baja calidad y por costumbre se asociaba  -como sigue ocurriendo hasta hoy, aunque en menor grado- con vinos poco elegantes, más para refrescar en climas cálidos y maridar con platillos ad-hoc a ese ambiente...

Y en efecto, se trataba de vinos dulzones, ligeros, jóvenes... muy jóvenes, que se asemejaban a las bebidas refrescantes con bajas concentraciones de alcohol que todos conocemos.

Es por eso que desde hace unos años, muchos de los bisoños involucrados en estas lides, deslumbrados por los "nuevos" oficios profesionales que se abrían paso en nuestro país con bombo y platillo (chef y sommelier) pero portadores de esas condiciones inherentes a la escasez de edad: inexperiencia y falta de un gusto entrenado, así como un fundamento cultural sólido y rico, lo comenzaron a asociar con la gastronomía mexicana... y es que la novedad, imagine usted- estaba a "todo lo que daba..." 

Hoy vemos a algunos de ellos que incluso incursionaron en esto de la difusión publicitaria, -porque no puedo decir que en la divulgación de información profesional o la crítica objetiva- de los asuntos del consumo de vino, incluso en los medios de comunicación tradicionales como la radio o la tv, y que en su momento aseguraban, por ejemplo, que el Chile en Nogada, un platillo de una complejidad de sabores excepcional, era perfecto para acompañarlo con un rosado... y no sólo eso, sino de uno mexicano de los de Baja California o Querétaro... simplones, dulces, sin cuerpo, que desde la óptica de cualquier conocedor, carece del más elemental sentido... 

Todo indica, que asociaban las notas dulces de algunas "nogadas" que abusan de este ingrediente, con las de los rosados mencionados... y aunque también esto del maridaje es algo subjetivo, tanto así como el gusto mismo, esta "asociación" sonaba y me sigue sonando, por principio inaudita, pero sobre todo, declaradamente infantil... por eso del gusto por el dulce.

Por fortuna la oferta de rosados en México ha mejorado, algunos de ellos, como el que recientemente bebí para hacer el ejercicio de maridar con algunos platillos de mi preferencia, son vinos mucho más elaborados, a pesar de ser jóvenes...  

Cuentan ya, con cierto grado de complejidad e incluso elegancia, que efectivamente, nos permiten tomarles el gusto y hacerlos compañeros frecuentes de algunos platos de nuestras cocinas favoritas...
Este fue el caso hace unos días -en el cálido Veracruz-, con el rosado "Las CUATRO", vino de pago, español, valenciano, que ofrece en nariz aromas intensos, con notas frutales discretas, y en la boca, una potencia también medida y una frescura evidente... 

Combina notas por igual de acidez, con un destello efímero de algo parecido al dulce-amargo que está inserto en mi memoria de infancia... que le completa la vuelta, y le da permanencia en el gusto, mismo que aproveché para "rematar" con un bocado más de la salsa de mi platillo... naranja, crema, oliva en aceite, champiñones...
Equilibrio, pasos -los primeros- de complejidad, oficio y una diferencia clara de casi todo lo probado anteriormente... ese es el veredicto que obsequia mi gusto tras la experiencia con el rosado "Las CUATRO" sin dejar a un lado el tono grosella intenso, limpio y con brillo que de entrada, invita... recuerde el refrán... "de la vista nace..."

Así que concluimos que hay ya rosados en nuestro mercado, como este vino, que a pesar de su juventud,"concilia" bien -para un buen maridaje- con platillos grasos, cremosos, con notas de especias... y entonces, intentamos un maridaje con dos platillos de la cocina italiana que me gustan mucho... el Salmón con Crema a la Naranja y Champiñones y con una Pasta larga con Parmesano y crema, bien condimentado... 
No se interpusieron los sabores; en el caso del Salmón se dio un complemento por las notas de la naranja en la salsa, -por dar tan sólo una apreciación- y con la pasta, se acompañaron en una armonía homogénea diría yo...

El resultado; un buen maridaje, complementando, pero también acompañando... sabores y sensaciones ricas y en momentos, intensas en la boca y en el gusto... 
Le recomiendo que lo intente, que le quite la "etiqueta" de vinos poco serios a algunos rosados, -revise la información en la etiqueta- como es el caso de "Las CUATRO", -Tempranillo, Syrah, Garnacha y Merlot- y se atreva a descubrir las bondades de los maridajes que nos tienen reservados estos vinos.

Hacer maridajes entre platillos y vino que alegren nuestro gusto, es una experiencia que enriquece... un "juego" que ilustra y nos amplia el universo de sensaciones gustativas... de conversaciones interesantes, inteligentes y conscientes con el gusto mismo... inténtelo en su próxima experiencia gastronómica..!

Buen provecho y como siempre, les deseo, ¡mucha SALUD..!

Gabriel Mora y Romero
Director General y Editorial

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